Bea llegó a la última hoja del contrato prenupcial que había firmado unas horas atrás y suspiró. El documento hablaba sobre temas económicos y cómo, de casarse con Magnus, no tendría más derechos sobre el patrimonio Grandón del que tenía ahora. Nada de eso le importaba. Sólo por firmar, Magnus le había dado un adelanto de su paga y la jugosa suma hacía ver muy bonita su cuenta bancaria. Destinaría parte de la suma a pagar una cuota de la deuda con su ex jefe, otra para mantenerse y ahorraría el