—¡Una monja! ¿De dónde se te ocurrió algo así? —preguntó Ale, dejándose caer en la cama junto a Lucía.
Se había infiltrado en su habitación para darle algo de calor en la fría noche en las montañas.
—Desde que me hablaste de Magnus he estado pensado en el tipo de mujer que podría gustarle.
—¡Ninguna! —dijo Ale y estalló en carcajadas.
Se tapó con la almohada recordando que no debía estar allí y siguió riendo.
—Creo que le gustan las mujeres inofensivas, que no le parezcan una amenaza, él es un