Mario
A pesar de todo lo que estaba por venir, tenía una sola cosa clara, y es no mentirme a mí mismo. No esperar con las manos cruzadas mientras la mujer que amo se adentraba en un mundo que quizás la llegue a lastimar. Una cosa fue aceptar su plan y la otra es dejar que se arriesgase sola.
El día que supe que se iba a verse con el duque de Baden, automáticamente tomé el control. Averigüe en qué terminal iba a aterrizar y éste se sorprendió verme ahí. Claro está, me conocía como empresario y j