21. Es mejor callar
Recostada sobre el suave colchón y con la mirada fija en el techo pulido de la elegante habitación, me preguntaba si toda mi vida sería una línea continua de infortunios. Recordé la primera vez que mi padre me sonrió en mi cumpleaños número trece, cuando finalmente había mostrado una emoción diferente a la rabia. En ese entonces no entendía muy bien por qué yo era motivo de discordia entre él, el abuelo y mi madre. Sin embargo, cuando cumplí quince años lo entendí: mi destino estaba marcado much