La propuesta de Leonardo flotó en el aire como un misterio que por fin cobraba forma. Yo conocía a Cavalli; sabía que un tiburón de su calibre no cruzaba el Atlántico por simple filantropía o por un repentino ataque de empatía hacia mi orgullo herido. Lo que sea que este planeando sera para su propio beneficio y se perfectamente que es lo que quiere.
—Aún no me has dicho cuál es tu estrategia, Leonardo —le dije, sosteniendo su mirada, apoyando los dedos sobre el borde de mi copa—. ¿Cuál es ese