El sonido de la puerta principal azotándose contra el marco resonó en las paredes de la casa como un disparo. Me tensé en el sofá del salón, dejando de lado los informes financieros que intentaba revisar. No necesité levantar la vista para saber quién era; los pasos pesados, rápidos y cargados de una furia contenida delataban a Cristian.
Cuando entró al salón, se deshizo de su saco de esmoquin, arrojándolo al suelo sin importarle el valor de la tela. Tenía la camisa desabrochada en el cuello, e