CAPÍTULO 46: EL ABISMO DE LA RENDICIÓN

El beso no fue una tregua; fue una capitulación absoluta, el colapso definitivo de una presa que había contenido demasiada agua durante demasiado tiempo. Al sentir el contacto húmedo y hambriento de mis labios, Cristian dejó escapar un gemido ahogado, un sonido que nació desde lo más profundo de su pecho, como si todo el aire que había contenido durante seis años de orgullo y silencio finalmente encontrara una vía de escape. Sus manos grandes y cálidas subieron de inmediato a mi cintura, anclán
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