La luz de la mañana se filtró por el gran ventanal en hilos dorados y perezosos, tiñendo las sábanas de seda de un calor reconfortante. Me desperté lentamente, sintiendo el peso familiar y posesivo del brazo de Cristian envolviendo mi cintura por completo, atrayéndome hacia su cuerpo con una firmeza que delataba el miedo inconsciente a que me desvaneciera con la niebla del amanecer. Pasamos las primeras horas de la mañana así, atrapados en una burbuja de sábanas revueltas, acaramelados entre be