—Tampoco me interesa tu estúpida historia, Smith —le siseé, rozando sus labios con mis palabras—. No me importan tus excusas de niño rico asustado. El pasado está muerto. Vivamos estos tres años de contrato con gracia, actuemos como la pareja del año frente a las cámaras, y luego devuélveme mi libertad y desparece de mi vida.
Me aparté de él de golpe, limpiándome las manos en el aire como si me hubiera manchado. Volví a llenar mi copa de vino. No iba a llorar, me negaba rotundamente a darle el