Despertar con el canto de los pájaros hizo que Isabella se levantara con mejor predisposición al diálogo y a apreciar las molestias que Jacob y Matilde se habían tomado para pasar unos días juntos. Lo hacían por ella, porque estaba cansada, adolorida y estresada; lo hacían porque la querían, aunque estuvieran llenos de secretos y mentiras.
—Hija, ¿no trajiste el cargador de mi teléfono?
—No, lo olvidé.
—¿Me prestas el tuyo?
—Tampoco lo traje. Olvida el teléfono y disfruta de la naturaleza —dijo