No tenía ninguna razón para arrepentirse de lo que había dicho, si había algo de lo que habría de sentir vergüenza era de que lo hubiera hecho mientras estaba borracha, pero nada de lo que había recriminado era falso, ella no estaba obligada a ceder ante él, ni a ser la esposa devota y sumisa que lo obedecería como si fuera una posesión más.
Afianzada de la idea de su enojo, se levantó de la cama para salir, pensaba irse a casa. Había amanecido y se quería ir de allí, pero antes de marcharse n