El intercambio solo duró unos segundos, pues Agnes le mandó un gesto severo antes de regresar a su charla con las otras dos mujeres frente a ella.
Antes de dejarla de mirar, Herman dedicó unos juiciosos segundos para contemplarla, no estaba mal para él observarla de vez en cuando con el aspecto de una delicada esposa de clase alta, claro que, lo de delicada estaba un poco exagerado.
«Mi esposa es una fiera, lo delicada se le quedó en los colmillos...» pensó antes de hacer una mueca a punto de