Por fin había amanecido, ese día crucial había llegado, Ares se detuvo unos segundos en la entrada principal de TEO&ELY, dejando que su mirada abarcara el vestíbulo donde trabajadores iban y venían con inquietud, los murmullos flotaban en el aire y la mayoría evitaba levantar la vista del móvil.
Para Ares, aquel ambiente eléctrico era como su hábitat natural; se movía con la seguridad de quien siempre ha sabido imponerse en medio de la presión.
Con paso tranquilo comenzó a caminar hacía los ascensores, pero de pronto, una voz cortante se elevó a su espalda.
—¿Qué haces tú aquí?
Ares giró con calma y sus ojos se toparon con Daniel Duarte, el actual CEO, ese insignificante ser que tanto había lastimado a su amada Pilar, ese hombre que siempre había sido un hombre de aspecto insignificante, alto, delgado, con una expresión afilada y recelosa; pero en esta ocasión, el rostro de Daniel era un claro reflejo del infierno personal que atravesaba.
Las ojeras profundas y la barba descuidada ace