Macarena estaba en la oficina de la mansión, rezando en su interior porque Candy la guiara en cada una de sus decisiones, porque era la primera vez que se hablaba de divorcio en la familia, y aunque debía de estar abocada a solucionar, o, mejor dicho, investigar lo que había sucedido con Ares y Pilar, no podía hacer oídos sordos a lo que acababa de escuchar, pues Ian era su nieto biológico, y Pamela.... Pamela era esa pequeña niña que había llegado a ellos con apenas 4 años, por supuesto que la amaba, y algo en su interior le decía que la confusión de Ian no se debía pura y llanamente a las preguntas que sus hijos pudiesen realizar, después de todo, los pequeños, Kenji, Hiroshi e Ianna, apenas habían empezado el preescolar.
—Abuela, ¿en verdad requieres mi presencia?, porque estoy demasiado cansado, ¿no podríamos simplemente hablar mañana?
Macarena permaneció en silencio un instante, mismo en el que le señaló con la barbilla la silla frente a ella, Ian realmente estaba agotado, aunque