—¿Estás bien?— Salvatore se acerca
—Sí. descuide no sé acerqué— pidió Mía, al reaccionar y se agacha para recoger el desastre
—te ayudaré— Salvatore también se agacha
—¡No es necesario!— Mía se niega, pero ambos terminan metiendo la mano en el plato roto, dónde Mía se lastima el dedo índice, se lo cortó con un trozo del plató —¡Auch!— se queja Mía y mira su dedo, el cual empieza a sangrar
—¡Te has lastimado, colócate de pie!— ordena Salvatore y Mía lo hace
Salvatore al ver la sangre de Mía,