Mía y Leticia están desesperadas, el encierro ya se volvió en un infierno.
Es hora del desayuno, y la loba que se ha encargado de llevar las tres comidas el día se acerca, pero está vez, bajo la vigilancia de dos lobos subordinados, por orden del rey Blackmoon. El anciano puede percibir que el rumor ya llegó a oídos de su hijo rechazado por lo tanto, no puede darse el lujo de darle tanto espacio a Luna Mía.
—aquí tiene mi Luna, espero que sea de su agrado— la loba le pasa la bandeja y Mía apena