Enojada, ofendida, frustrada… Con un sin fin de emociones en mi cabeza, retiro la bolsa de suero, del atril, y voy a buscar a Austin, pues necesito hablar inmediatamente con él.
No camino muy lejos por el pasillo, cuando escucho la voz de Austin, y de la Dra. Luisa Colleman. Están en una de las habitaciones vacías. Me asomo levemente.
—No me mientas, sé que tu matrimonio es una farsa. —Le dice la Dra. a Austin.
—No sé de qué hablas. Yo amo a mi esposa.
—No me creas tonta. A tu espo