Salgo tan aprisa del ascensor, que no me fijé que Savanah estaba entrando a la empresa.
—Ava, ¿pasa algo?
—No, lo siento, abuela, pero debo irme…
—¿Y nuestro asunto?
—Después, por favor, es que no me siento bien.
Savanah asiente, y me apresuro a irme, al ver a Austin, que viene tras de mí. Por suerte, veo cómo Savanah lo detiene, y al salir, logro parar un taxi de inmediato. De pronto suena mi teléfono, creo que es Austin, pero es un número desconocido. Contesto, y es Flor.