Me tomo mi tiempo, para recomponerme. Salgo del baño, todavía un poco aturdida por mis sentimientos.
Tomo asiento, en silencio, y me quedo viendo a Austin, de una forma distinta. Es como si me pareciera más tierno, más guapo, más sexi, más increíble. ¡El hombre más perfecto del mundo!
—¿Todo bien? —Me pregunta, y no sé cómo hablarle, que decirle. Abro la boca para responder, pero no me sale ninguna palabra. En ese momento, una mujer saluda a Austin por detrás.
—¡Austin!, ¡pero qué ca