Al día siguiente, de vuelta en la casa de la playa, me despierta el sonido de un telefono que suena. Austin contesta con voz somnolienta, aún medio dormido, y después de unos momentos cuelga y gruñe…
—¡Joder!, tenemos que regresar a Canadá.
—¿Por qué?, ¿paso algo?
—Adelantaron la hora de la entrevista con migración. Si queremos estar listo y a tiempo, deberemos volar ya.
—¿¡Que!?… Ah!, me había olvidado por completo de eso. Siento que aún no estamos listos.
Austin acaricia mi me