122...Buscados.
—¿Y qué pensará tu esposa de eso? No pensarás que viviremos juntas, ¿verdad?
Intenté sonreír, hacerlo sonar como una broma, pero la seriedad de Víctor hizo que la sonrisa muriera en mis labios.
Ni siquiera respondió.
Su mirada permaneció fija en Leonardo mientras los médicos revisaban los últimos reportes.
—Necesito que trasladen todo el equipo a mi mansión.
La orden salió seca.
Fría.
Como si estuviera hablando de mercancía y no de mi hijo.
Los médicos asintieron inmediatamente.
Nadie