Natsuki seguía temblando mientras casi la mitad de su familia estaba en la sala de espera del hospital más cercano a la residencia de la manada.
Su abuelo, al igual que él, estaba tan intranquilo que había empezado a gritarle a las enfermeras.
Natsuki no quería ver la cara de ninguno de sus familiares. No tenía pruebas, pero estaba muy seguro de que alguno de ellos había intentado envenenarlo para sacarlo de su camino
¿Quién más que sus tíos serían beneficiados de su muerte?
La culpa lo invadía