Alan maldijo a todos los dioses en su mente y después soltó a Bastian. Este cayó estrepitosamente, empezó a toser e intentar respirar de nuevo mientras Merit lo auxilio.
Estuvo a punto de pedir ayuda cuando Alan la miró amenazadoramente.
—Si sueltas una sola palabra quemaré tus cuerdas vocales pajarito —ladro Alan mirándola con sus ojos color rojos.
Merit sujeto a Bastian temblando de miedo.
—¿Qué carajos haces aquí y no estás en tu estúpido país? —le preguntó Alan.
—No creo que debamos hablar