Jose se derrumbó con la cabeza nublada después de llegar a la cúspide, miró al techo mientras su respiración volvía a su normalidad y la culpa lo embargaba.
—Soy débil.
Gabriela soltó una risotada.
—En tu defensa, no esperabas que apareciera totalmente desnuda en medio de la noche.
—Se supone que no te tocaría hasta que nos casemos.
—Eres muy ingenuo a pesar de ser muy mayor.
Jose gruño mientras Gabriela se arrullaba en su pecho desnudo.
—Pensé que estaba soñando —se lamentó Jose—, eres malvada