106. Toma cada centímetro de mi polla
Apreté las sábanas, gimiendo su nombre como una plegaria. "Kai... oh Dios..."
Me devoró como si se estuviera muriendo de hambre; su lengua trabajaba mi clítoris con movimientos constantes e implacables mientras sus dedos entraban y salían, curvándose y frotándose. Los sonidos húmedos y obscenos llenaban la habitación. Mis muslos temblaban alrededor de su cabeza. El placer creció rápido y agudo, apretándose con fuerza en mi vientre.
Cuando llegué al orgasmo, me golpeó como una ola: repentina, in