104. ¿Quieres mi polla?
“Siempre lo mismo.” Su boca encontró mi cuello, sus labios rozando la piel sensible justo debajo de mi oreja. “Pensé en llevarte a tu habitación y doblarte sobre tu cama. Pensé en lo apretada que te sentirías. En cómo sonarías cuando te corrieras en mi polla.”
Gemí, más fuerte esta vez, mis caderas moviéndose más rápido. Sus palabras eran obscenas, crudas, y tocaron cada fantasía secreta que había tenido sobre él. Mis pezones estaban tensos y palpitaban contra la fina camiseta. Cuando sus manos