Era cierto que siempre había que estar en alerta máxima. Incluso si uno mismo no se sentía bien, debía ser capaz de notarlo de inmediato. Fane exhaló un suspiro pesado y, mirando a Léster y Cándido, que aún estaban investigando sus cuerpos, les dijo:
—Está justo debajo de la vena principal del corazón, a una pulgada de distancia.
Al escuchar las indicaciones de Fane, los dos lograron encontrar con éxito la pequeña llama que estaba controlando sus emociones.
Esa llama era fácil de localizar, lo