Al escuchar las palabras indiferentes del hombre de cabello corto, los rostros de los ocho guerreros se ensombrecieron. Xoan, lleno de ira, le gritó:
—¡No se crean tan listos! ¡Aunque tenga que arriesgar mi vida hoy, haré que paguen un precio muy alto, uno que jamás olvidarán!
Xoan sentía que iba a perder el control por completo; las palabras de esos tipos le resultaban más repugnantes que el peor de los insultos. No estaba exagerando, realmente estaba dispuesto a sacrificarlo todo con tal de h