En ese momento, la cabeza de la lince roja se acercaba implacable a Jerónimo, con sus ojos rebosantes de intención asesina.
Las garras afiladas, cargadas de una energía letal, emitieron un sonido seco al agarrar la espada de Jerónimo. Este pudo escuchar claramente cómo la hoja se agrietaba bajo la presión de las garras, a punto de romperse en cualquier instante.
Con los ojos cerrados, Jerónimo supo que no podría resistir más. Exhaló un suspiro pesado y, reuniendo las últimas fuerzas que le qued