Damián dio otro sorbo a su copa, y con tono curioso, le preguntó:
—¿Y cuándo abriste la floristería?
—Después de terminar la carrera —respondió Elena, acomodando el tenedor en el plato—. No quería esperar más.
—¿Así, de una?
—Sí. Ya venía con la idea desde hacía tiempo. Ahorré durante la universidad, y mis padres me ayudaron un poco con lo del local.
—Valiente.
—O terca —respondió con una sonrisa ladeada.
—¿Y te fue bien desde el principio?
—Para nada. Los primeros meses vendía poco, pero me la