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Solo lo necesité esa vez para estar segura de partíamos de un mismo punto.

Se pasó las manos por el pelo, resoplando, y me sentí tan relajada que se me escapó una risa tonta. Lo vi sonreír también y estuve a punto de doblarme sobre mí misma con alivio, como cuando corres una maratón y por fin puedes respirar.

Estiró el brazo y solo tuvo que rozarme para que yo me acercara a él y comernos como animales. Me sujetó con fuerza por la cara y ni él quiso soltarme ni yo quise que lo hiciera en toda la
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