El lunes estuvo toda la mañana en la oficina de Daniels trabajando, de pronto Daniels le gustaba mucho hablarle de los sus proyectos, preguntar su opinión en algunos asuntos y eso la emocionaba, aunque claro no lo demostraba.
¡Por Dios! ella era como esos perritos que el dueño le daba una patada, pero tan pronto este les silbaba el perrito volvía moviendo la colita a los brazos de su dueño, sin rencores.
Dependía tanto de la opinión de Daniels y de las migajas de cariño que le brindaba de vez