Mi cara roja como un tomate y mi corazón palpitante solo provocaron más a Gerald. Se rio maliciosamente al ver mi cara de susto y solo hizo ligeros movimientos sobre mi piel, sacando pequeños gemidos de mi parte.
—No, Gerald, espera a que se vaya —le dije, deteniendo el toque de sus dedos contra mi piel.
Me miró serio, borrando esa sonrisa que había pintado y en su lugar continuó con sus caricias, esta vez más pronunciadas que las anteriores.
—Qué tonto eres… —susurré en voz baja y con una c