Mi pecho subía y bajaba nerviosamente, sentía que la silueta de Gerald detrás de mí me tenía con los pelos de punta y mis nervios aumentaban cuando sentí su toque en mi piel y mi espalda contra la pared.
—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunté furiosa.
—¿No es obvio? Te estoy acorralando, quiero una explicación sobre lo que acaba de pasar.
—No tengo nada para ti. —Me encogí de hombros—. Puedes continuar lo que estabas haciendo con esa estúpida.
La mujer que estaba de pie mirándome con odi