Una uva se atascó en mi garganta haciendo reír a Gerald.
—No leí eso que dijiste en el contrato —traté de aislar el pensamiento de Gerald sin éxito.
—No te preocupes, Mili, come tranquila y lo hablamos en la habitación.
—La verdad es que no creo que “hablemos”, tú no eres de los que hablan —entrecerré los ojos —Solo espero que no lo digas en serio y estés bromeando.
Gerald me miró directo a los ojos, yo abrí el mío al notar que no era una broma de su parte, solo bajó la mirada a su plato y