Caminé hasta la habitación de Carlos dejando la charola en una mesa cerca de su cama, tomé la cuchara y le di esa sopa poco a poco.
Le acaricie la cabecita y lo vi sonreír con cada bocado que le ponía en la boca.
—Veo que te gusta lo que prepare con tanto amor — le dije con una sonrisa en los labios.
El pequeño observó la figura de su padre recostado contra el marco de la puerta, le dedicó una sonrisa que ignoró por completo, que no devolvió y por eso Carlos ignoró su reacción.
Siguió miran