—¡Mili! Maldita sea mujer.
Gerald gritó apenas cruzó esa puerta como si estuviera poseído, caminó por toda la casa buscándome hasta encontrarme en el patio junto a Carlos y Nana.
—¿Que está pasando? Y no digas groserías delante de Carlos —fruncí el ceño.
No dijo una palabra más, solo lo vi venir hacia mí rápidamente y me levanto de la silla para llevarme como un saco de papas dentro de la casa, empujo la puerta corrediza y me puso en el piso cuando estábamos lo suficientemente lejos de Nana y C