Gerald puso los ojos en blanco y se llevó las manos al puente de la nariz. Su rostro estaba rojo, claramente no quería escuchar a la mujer, chillaba como un cerdo por todo lo que ella le hablaba.
¿Y yo? Estaba tratando de pensar en cuando me había convertido en la señora de la casa.
Por otro lado, y con mucha más importancia, estaba todo lo que Carlos Green había aprendido de aquella mujer; para nada y para mi eso era un problema, estaba segura que nana no aceptaría tal comportamiento.
—¿Ter