Mundo ficciónIniciar sesiónHayato salió de su habitación, pasadas las diez de la mañana, lucía desvelado; y aquella marca sobre su rostro, que la noche anterior era roja, comenzaba a tomar un color más bien morado. Frotaba su mano sobre su mejilla derecha tratando de masajearla y ver si el dolor aminoraba, aunque fuera sólo un poco. Llegó al amplio comedor, y se sentó frente a la enorme mesa de madera tallada, y aguardó a que Ayako le atendiera. Katō se ace







