Después del trágico brindis, Darío y ella se dirigieron al patio de los columpios donde habían tenido una larga conversación la noche anterior.
Tenía muy poco que decirles a los otros dos y lo ultimo que le apetecía en ese momento era fraternizar con ellos y bien darles sin querer un arma que pudieran usar en su contra o complicarse las cosas ella sola al tomarles algún apreció, así que por alguna clase de acuerdo implícito ambos se levantaron y empezaron a caminar al lugar que habían descubier