El pacto de los desesperados
La humillación ardía en las venas de Flor con más intensidad que cualquier insulto directo. Mientras bajaba las escaleras imperiales de la mansión Blackwood, el eco de las palabras de Alexander —"¡Sal de aquí!"— se repetía en su mente como un martillazo. Nunca, en todos los años que llevaba orbitando el mundo de los Blackwood, él le había hablado con tal desprecio frente a una mujer de clase inferior como Leonor.
—Estas me las vas a pagar, Elena —siseó Flor, apretan