La jaula de cristal
El aire en la habitación de la clínica era tan denso que parecía difícil de respirar. La enfermera, ajena a las corrientes eléctricas de odio y sospecha que cruzaban la estancia, terminó de ajustar el suero de Elena y revisó el monitor por última vez.
—Todo está dentro de los parámetros normales, señora Blackwood —dijo la mujer con una sonrisa profesional—. Descanse, el esfuerzo de hoy ha sido grande.
Leonor, que permanecía de pie a un costado de la cama con una expresión de