La Furia del Desengaño
Alexander se quedó petrificado en medio de la habitación que, minutos antes, imaginaba como el escenario de una reconciliación. El silencio era un zumbido doloroso en sus oídos. Sus ojos recorrieron la estancia hasta posarse en la superficie pulida de la mesita de noche. Allí, solitario y frío, descansaba el anillo de compromiso que él le había entregado como una promesa... o como una cadena.
Lo tomó con dedos temblorosos. El metal estaba frío, despojado del calor de la p