Tesoros y cenizas
La gala de la Fundación Blackwood era un desfile de vanidad. Alexander, tras haber reclamado a Elena ante las herederas, recibió una llamada urgente. Sus ojos se oscurecieron y, con un gesto rápido, soltó la mano de Elena.
—Tengo que atender esto. No te muevas de aquí, Elena. Quédate cerca de la zona de buffet —ordenó con una voz que no admitía réplicas antes de desaparecer entre la multitud de trajes caros.
Elena se quedó sola, sintiéndose como una boya a la deriva en un océa