El tablero de las traiciones
El rugido del motor del deportivo de Flor apenas lograba silenciar el caos que bullía en su cabeza. Salir de la empresa de Elena había sido como escapar de un incendio solo para darse cuenta de que llevaba las brasas en la ropa. Al llegar al semáforo, descargó toda su frustración contra el volante, golpeándolo con una violencia que hizo que sus manos ardieran.
—Maldita mujer... —Siseó entre dientes, sus ojos inyectados en sangre fijos en el horizonte—. Me las vas a