El nido de víboras
La suntuosa sala de la mansión Blackwood se sentía más fría que nunca. El eco de los pasos de Victoria resonaba contra el mármol mientras caminaba de un lado a otro, con las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. El aire estaba cargado de una electricidad estática, el preludio de una tormenta que amenazaba con derribar los cimientos de su imperio de apariencias.
De pronto, el pesado portón de roble del recibidor se abrió. Flor entró con su elega