El espejo de la traición
La mañana se filtraba por las pesadas cortinas de seda de la habitación de Flor, iluminando las partículas de polvo que danzaban en el aire como testigos silenciosos de sus conspiraciones. Frente al tocador de caoba, Flor se observaba con una fijeza casi quirúrgica. Se abotonaba una camisa de seda color crema, alisando la tela sobre su figura con una parsimonia que ocultaba los nervios de acero que la sostenían desde la noche anterior.
De pronto, el silencio fue interru