El peso de las máscaras
El domingo agonizaba en un tono dorado y nostálgico. El jardín de la casa familiar, con su aroma a tierra mojada y jazmines, era el único lugar donde Elena sentía que podía respirar sin que los pulmones le quemaran. Sin embargo, la paz era un espejismo.
Un leve vibrar en su bolsillo la devolvió a la realidad. Sacó el teléfono y leyó el mensaje de Taylor: «Estaré por ti a las cinco de la tarde. Prepárate, Andrea».
Elena suspiró, cerrando los ojos con fuerza. Ese nombre, A