El juego de las máscaras
Elena permanecía de pie frente al ventanal de la alcoba. La oscuridad de la granja era absoluta, solo interrumpida por el parpadeo de las luciérnagas y el susurro constante del viento entre los pinos. El silencio del campo, que debería haber sido relajante, se sentía como una soga apretándose alrededor de su cuello. Pensaba en su hijo, en Taylor, en las mentiras y en Alexander, que dormía a solo unos metros de distancia, separándolos solo un pasillo y una vida de rencor