Alexander cerró los ojos, exhausto. —Está bien. Haz lo que quieras. Si no quieres mi compañía, no te obligaré... por ahora.
—Prefiero estar sola —sentenció ella.
—Bien. Iré a dormir en otra habitación de huéspedes. Pero no intentes escapar, Elena. Hay hombres vigilando los perímetros y no conocen la palabra "cortesía" con los extraños.
Alexander salió de la habitación con los hombros pesados. Necesitaba algo más que descanso; necesitaba reconectarse con la realidad. Caminó hacia la cocina, el c